Migrantes deportados niegan que el Gobierno Federal los apoye: "Todo siempre se queda en anuncios"

03 marzo 2017
Jorge Castro Catalán y Elías Conde Vázquez, son dos indígenas nahuas que vivieron por separado la experiencia de ser migrantes en Estados Unidos. El primero estuvo allá por 17 años y regresó sólo con los oficios que aprendió en el país vecino. Al segundo le fue regular, en sus diez años de migrante construyó su casa y mandó dinero para que sus hijos estudiaran.
Ambos consideran que en México no cuenta con oportunidades ni apoyo para que los migrantes que regresan se desempeñen en las habilidades u oficios que aprendieron, y así inicien sus propios negocios.
Elías y Jorge, entrevistados por separado en sus casas de San Juan Totolcintla, una de las comunidades nahuas del municipio de Mártir de Cuilapan, Guerrero, exportadora de migrantes y jornaleros agrícolas, coinciden en que las amenazas por la que atraviesan actualmente los migrantes en EU siempre han existido, pero la diferencia es que ahora es abierta, mientras que antes los gobernantes eran más tolerantes.
Ambos advirtieron que si se llegan a dar las deportaciones masivas, la situación se pondrá difícil en México porque no es verdad que el Gobierno apoye a los que regresan, “todo siempre se queda en anuncios”, afirmó Jorge Castro.
Jorge vive en una ruinosa casa de adobe con lámina de asbesto en una colonia de San Juan Totolcintla. En una de las esquinas hay un montón de mazorcas que pizcó en la temporada pasada. En la contra esquina hay una máquina de coser en la que confecciona ropa de vestir, oficio que aprendió en EU. También aprendió carpintería y herrería, pero no puede trabajar esos oficios por falta de recursos para instalar un taller.
Por sus múltiples habilidades, cuenta que le fue bien en EU, su problema fue una demanda que le presentó su pareja, por lo que estuvo preso durante mes y medio. Cuando se comprobó su inocencia salió libre, pero fue deportado y no le permitieron traerse lo que ya había adquirido, “lo perdí todo, todas las cosas se quedaron allá, eran dos carros, un taller de carpintería y maquinaria”. Cuando llegó a Tijuana traía consigo un centavo de dólar.
Jorge Castro se fue a Estados Unidos en 1997 y fue deportado en el 2014. Considera que los 17 años que estuvo trabajando en Estados Unidos no valieron la pena porque se regresó sin nada, “cuando me fui llevaba yo más dinero que cuando regresé, y ahora aquí es muy difícil volver a empezar algo, aunque la vida es más tranquila que en Estados Unidos”.
Reconoció que fue un error haberse ido a trabajar, “fue una pérdida de tiempo. Sí, hice algo allá, pero no me lo traje. Me traje solamente lo que aprendí, el problema es que aquí no puedo emprender nada porque me hace falta el dinero”.
Menciona que cuando llegó a San Juan Totolcintla pensaba instalar un taller de carpintería para elaborar muebles que estuvieran al alcance de todas las personas, pero que no contó con el apoyo del Gobierno y él no cuenta con los recursos suficientes para comprar la maquinaria que necesita y montar su taller.
“Aquí no hay recursos y no es verdad que haya apoyos del Gobierno. Hace un tiempo escuché que había ofrecimientos para proyectos productivos y metí mis papeles para instalar una carpintería, o un taller de costura más o menos grande de unas 6 ó 7 máquinas para confeccionar ropa de buena calidad y a precios bajos, pero nunca me entregaron el dinero”.
En cuanto a la amenaza de deportaciones masivas que viven actualmente los migrantes en Estados Unidos por el nuevo Gobierno de Donald Trump, Jorge refirió que las redadas siempre han existido, “simplemente que ahora lo están haciendo más visible, antes no era tanto así”.
Dijo que ahora sí los paisanos están verdaderamente asustados. Él tiene una hermana radicando allá desde hace 22 años, otro hermano desde hace 15 “y diariamente me platican que se está poniendo más difícil. Dicen que en varias partes les cierran las puertas porque les piden documentos que no tienen”.
Señaló que después de “tantos años” de servicio en ese país deberían de servir para que les reconocieran sus derechos.
El ex migrante reprochó que no solamente hay ingratitud del país al que fueron a servir, sino también en el propio, “a ver yo, traje varios conocimientos, sé carpintería, sé herrería, soldadura, sé arreglar máquinas de coser, pero de qué me sirve en mi país, si no lo puedo explotar porque falta el apoyo del Gobierno y uno por más que quisiera, no puede, no tiene uno los recursos”.
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