Popocatépetl envuelve a vecinos entre cenizas y enfermedades

07 abril 2019
Noticias de Yucatán. 

Bautizado de diferentes maneras, a lo largo de generaciones el volcán Popocatépetl ha sido una bendición y maldición al mismo tiempo para los pobladores que viven y resguardan sus alrededores.

Ellos son el efecto colateral de Don Goyo, el cual expulsa cenizas, gases y material incandescente que ha salpicado a los municipios del Estado de México y de Puebla por varias generaciones.

Son cientos de familias las que están acostumbradas al rugido del volcán; es más, afirman que jamás los ha intimidado, ni siquiera cuando las autoridades locales y federales llegan a modificar las fases preventivas y amagan con evacuar las zonas, porque aseguran que esos cambios son “normales”.

Incluso hay quienes sostienen que provocan a propósito al volcán, “saquean sus minerales, sus recursos, su vegetación y toda la riqueza que puede proveer la montaña humeante”.

“Él (Popocatépetl) se enoja porque lo vienen a saquear. Le roban sus recursos, le echan bombas y eso le enfada, pero a nosotros nunca nos ha dado miedo”, sostiene doña Bertha, quien vive en Amecameca, uno de los municipios más cercanos al volcán.

Aquí la vida de los moradores transcurre con normalidad, no les atemorizan las fumarolas ni las explosiones de material incandescente que arroja desde hace años el Popo; incluso lo respetan y veneran a tal grado que le rinden culto y ceremonias de vez en cuando para agradecer los frutos que les brinda y a la naturaleza.

Sin embargo, vivir a unos kilómetros del cráter les ha generado un costo muy alto para su salud: enfermedades en vías respiratorias, irritación de ojos, manantiales contaminados y cosechas inservibles; incluso ha traído la muerte de sus animales debido a la caída frecuente de ceniza volcánica.

Este problema es confirmado por Ramón Espinasa, subdirector de Riesgos Volcánicos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), quien advierte que los efectos de los materiales que expulsa el volcán en la población pueden variar, según el nivel de exposición.

“Hay pobladores que viven al pie del volcán y que probablemente llevan 25 años recibiendo de vez en cuando su lluvia de cenizas, eso los expone demasiado y los problemas pueden ser variados”, externó en entrevista con Publimetro.

La situación es tal que autoridades han detectado casos de gente con severos daños a la salud por esta exposición, como son problemas en vías respiratorias y ardor de ojos, entre otros padecimientos.

Ante la alerta, Eusebio Flores, comerciante del centro de Amecameca, sabe que hay un riesgo latente; sin embargo, no le teme, ni tiene miedo, sólo respeto, sobre todo porque lleva una vida contemplándolo, al igual que sus hijos y su esposa.

“Sólo Dios sabe cuándo llegue a hacer erupción, nosotros lo veneramos y lo respetamos porque es parte de nuestro paisaje”, sostiene.

La misma cosmovisión es compartida por Mario Rodolfo García, transportista de la zona, quien asegura que están acostumbrados a los ‘sustos’ del Popocatépetl. Por ello no le huyen, y en caso de existir una orden de evacuación, aseguran que no la acatarían debido al temor por el robo de sus pertenencias y de su patrimonio.

Fragmentos y polvo

En San Pedro Nexapa, localidad que pertenece a Amecameca y que se encuentra a la orilla del volcán, los habitantes tienen tan normalizados los ruidos que emite esta estructura geológica que ya no se inmutan; tampoco lo hacen por las alertas de Protección Civil ni por las del gobierno del Estado de México.

Se trata de un pueblo que luce semidesierto y que padece la falta de servicios básicos como agua potable, luz eléctrica y asfalto en varias de sus calles.

Para los oriundos de este lugar, el volcán funge más como un espectáculo de luces que una amenaza, que vive y respira todo el tiempo a través de explosiones de humo y de material incandescente.

Publimetro.

compartir en facebook compartir en twitter compartir en google+

Visitas

Opinión

Elecciones

Nota Destacada