Divorciados con segundas nupcias tendrán encuentro con el Papa

10 febrero 2016
CIUDAD DEL VATICANO.- Humberto Gómez Espinosa y Claudia Castillo Leal son una pareja de divorciados vueltos a casar que fueron seleccionados para contar su historia durante el encuentro con las familias que el Papa presidirá en México, el próximo 15 de febrero, según informó Notimex.
Originarios de Monterrey, llevan 16 años en segundas nupcias por lo civil. Por más de una década se mantuvieron alejados de la Iglesia pero después regresaron gracias a un grupo que los recibió con los brazos abiertos.
Y ahora podrán agradecerle a Francisco el nuevo aire que está propiciando entre los católicos.
Lo podrán hacer la tarde de ese lunes en el estadio “Víctor Manuel Reyna” de Tuxtla Gutiérrez, capital del sureño estado mexicano de Chiapas. Según lo previsto, más de 100 mil personas asistirán a ese acto.
“Le damos gracias a Dios por las iniciativas que al respecto ha tenido el Papa Francisco, ya que todavía existe rechazo por algunos sectores de la Iglesia (hacia las personas como nosotros)”, explicaron ambos en entrevista con Notimex.
“Hemos aprendido a comulgar a través de las obras de misericordia, del servicio a nuestros hermanos”, afirmó una pareja de divorciados vueltos a casar
“Al sentirse rechazados los divorciados se alejan y sus hijos crecen alejados de la fe católica. Es importante que trabajemos buscando a estas familias que se sienten heridas y rechazadas, sanar sus heridas, mostrarles el amor y misericordia de Dios e integrarlas a la Iglesia”, agregaron.
Monterrey es, quizá, la diócesis mexicana con más número de grupos parroquiales dedicados a la atención de los divorciados vueltos a casar, quienes viven en una “situación irregular” según la doctrina católica.
Aunque tanto los últimos Papas, incluido Juan Pablo II y Benedicto XVI, han dicho públicamente que ellos “no están excomulgados” y “son parte de la Iglesia”, todavía se perpetúan prejuicios y discriminación hacia ellos en algunas comunidades católicas.
Al mismo tiempo se está abriendo paso una nueva sensibilidad, que busca hacer sentir a estos feligreses integrados y no marginados, haciéndolos partícipes de la vida cotidiana de las parroquias.
“Es cierto que ha habido rechazo por parte de algunas personas que, por falta de conocimiento no aceptan nuestra participación en la Iglesia, pero poco a poco va cambiando la situación”, establecieron Humberto y Claudia.
Y precisaron que los grupos de divorciados ya participan activamente en la Iglesia, sirviendo en la liturgia y en las demás actividades parroquiales.
Reconocieron que cuando recibieron la invitación para participar en su grupo, tres años y medio atrás, aceptaron asistir “con muchas dudas y dolor” porque pensaban que la Iglesia los castigaba ya que no los dejaba comulgar, ser padrinos y confesarse. Además sentían el rechazo de las personas a su condición.
Pero esos temores quedaron pronto superados por la actitud inclusiva y cercana de los sacerdotes de su parroquia, Nuestra Señora de Guadalupe reina del trabajo.
Constataron que los prejuicios en contra de los divorciados surgen por “falta de información” de los demás católicos, sumado a que ellos cargan con un estigma: el aceptar su situación en la Iglesia los lleva a reconocer la realidad innegable del fracaso matrimonial.
Por eso –explicaron- uno de los objetivos del grupo en el cual participan es apoyar a matrimonios en situaciones difíciles para evitar que lleguen al divorcio y compartir sus experiencias en las pláticas prematrimoniales.
“Somos conscientes de los problemas que un divorcio ocasiona para las familias, hemos vivido ese dolor y por lo mismo trabajamos para evitar en lo posible esta situación”, apuntaron.
Uno de los aspectos que más discusiones levanta en torno a la situación de los divorciados vueltos a casar es su imposibilidad para acceder a los sacramentos: la confesión y la comunión.
Si estas personas viven en pecado por su condición, al confesarse no podrán modificarla y por eso no pueden ser perdonados ni comulgar.
Aunque algunos críticos afirman que los divorciados reivindican un supuesto derecho a la eucaristía, Humberto y Claudia replicaron que su “reclamo” no es el acceso a los sacramentos sino el “tener una Iglesia sin etiquetas”, no una comunidad con “católicos de primera y de segunda”.
Insistieron que ellos piden “una Iglesia donde todos se sientan en casa y sean amados y abrazados”, donde cada quien pueda encontrar su camino de salvación sin ser condenado de antemano.
“Hemos aprendido a comulgar a través de las obras de misericordia, del servicio a nuestros hermanos que tienen hambre, de nuestros hermanos enfermos, privados de su libertad”, precisaron.
“Como bautizados seguimos siendo Iglesia y tenemos un camino de salvación, y que aunque no debemos acceder a los sacramentos, si podemos estar en comunión con Cristo de otras formas”, abundaron.
Sostuvieron que para erradicar definitivamente la marginación, todos los católicos deben reconocerse pecadores y necesitados de misericordia, darse cuenta que todos son iguales a los ojos de Dios, ser sensibles al dolor de los demás y “reconocer en ellos a un hermano en Cristo”.
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