Con sus ahorros, niño hace caretas para proteger del coronavirus a médicos

12 abril 2020
Noticias de Yucatán. 

En estos días de pandemia, muchos niños se muestran hostiles, desesperados y aburridos con el confinamiento a causa de la emergencia sanitaria. Otros están sumergidos en los videojuegos o redes sociales, pero algunos explotan al máximo su creatividad y solidaridad en estos días, y eso es precisamente lo que hizo Jorge Martínez Gracida English.

Este oaxaqueño de 12 años comenzó desde hace dos semanas un proyecto desde su casa, cuya única misión es ayudar al personal médico, el más expuesto ante la propagación del coronavirus. Por ello, Jorge decidió crear mascarillas médicas en una impresora 3D.

No sólo las diseñó desde cero en su computadora, sino que él está costeando todos los materiales para donarlas a hospitales de la capital de Oaxaca, para que los médicos y enfermeras puedan estar más protegidos ante el Covid-19. Su intención es elaborar 100 mascarillas con el material que compró con sus ahorros.

Hasta el día de la entrevista, Jorge había hecho 60 mascarillas, por lo que al momento de leer su historia es probable que esté a punto de lograr su meta o ya la haya logrado.

Jorge cursa el primer grado en el Instituto Blaise Pascale, en la capital. Es el segundo hijo de Helaine English Ramos y Jorge Martínez Gracida, ambos abogados; su hermana Georgina, de 17 años, ganó el Premio Nacional de la Juventud 2017, por lo que la sensibilidad y solidaridad familiar han influido mucho en el carácter de Jorgito, como lo llaman cariñosamente.

Su madre recuerda que hace un año Jorge pidió como regalo de Navidad una impresora 3D, y a partir de ahí comenzó a diseñar desde su computadora sus propios juguetes, mecanismo de puertas, aviones, etcétera, hasta llegar a las mascarillas médicas.

La familia del menor cuenta que él es tan perfeccionista que no descansó hasta lograr un diseño ideal. Fue cuando quedó satisfecho.

“Nos sorprendió mucho, porque un día estaba metidísimo descargando un programa para diseñar. Primero hizo un diseño y lo imprimió y no le gustó, no era perfecto, y así hasta que logró el objetivo, la diadema, la base de la mascarilla. No sabíamos lo que estaba planeando. Es un niño sensible y comprometido con las causas sociales, eso en mucho lo aprendió de su hermana”, explicó Helaine English, su madre.

Día y noche

Jorge narra a EL UNIVERSAL vía telefónica, que todo comenzó hace dos semanas cuando se enteró de que una persona puede contagiarse del Covid-19 a través de las pequeñas partículas de saliva que salpican a los ojos, nariz y boca, aun cuando se tenga un cubrebocas, por lo que consideró que los que están en constante riesgo son médicos y enfermeras que atienden a estos pacientes.

Fue pensando en ello, dice, que decidió crear una forma de ayudarlos a protegerse y con las mascarillas pueden lograrlo mucho mejor: “Me hace feliz saber que los doctores se van a proteger mejor. Mis padres y mi hermana me han apoyado porque es para un buen fin. Me hubiera gustado hacer más, pero mi material sólo alcanza para 100 mascarillas”, comenta emocionado.

Debido a que el menor no tiene redes sociales, personal de salud beneficiado con sus donaciones le envía agradecimientos por medio de sus padres.

 

Desde que logró el diseño perfecto, Jorge trabaja día y noche, literalmente. Elabora 10 mascarillas al día, comienza a las 10 de la mañana y termina cerca de las dos de la madrugada. Su madre dice que esto se debe a que, al estar comprometido con la entrega, se esfuerza por cumplir en tiempo.

El compromiso de este niño de 12 años con los médicos y enfermeras a los que prometió las protecciones ha sido tanto, que su familia ha tenido que vigilar que descanse y lo obligan a tomar siestas para reponerse. A Jorge una mascarilla le toma aproximadamente una hora y media de elaboración.

La impresión de la diadema en la impresora 3D tarda una hora, luego la pule hasta que esté sin imperfecciones y posteriormente la desinfecta con cloro, para luego colocarle la almohadilla que evita lastimar la frente.

Por último, instala la mica de cristal, que es un acetato transparente especial, de un buen grosor que impide traspasar hasta el aliento: “Algunos doctores nos han dicho que Jorgito ha logrado crear una buena mascarilla sencilla y práctica que no tiene un solo punto muerto, es decir, no tiene ningún orificio que permita la entrada de bacterias”, detalla la madre del pequeño.

Las 60 mascarillas médicas que Jorge ha elaborado hasta ahora se han construido en el comedor de su casa y lo ha hecho completamente solo, sin la ayuda de nadie más. Su familia lo apoya en ir a comprar los materiales y también le echan porras.

Al final, el costo por cada mascarilla es de unos 30 pesos. Como Jorge no tiene redes sociales, todos los mensajes de agradecimiento de los médicos y enfermeras los recibe a través de su hermana y de sus padres.

Ha sido tanto el impacto y la influencia que tiene el proyecto de Jorge que una niña de ocho años, amiga de él y de su hermana, llamada Licypriya Kangujam, de Nueva Delhi, India, le pidió permiso para replicar su diseño y así apoyar a los médicos de su país.

El primer lote de mascarillas elaboradas, costeadas y donadas por Jorge fue entregado al Hospital de la Mujer y el Niño Oaxaqueño, las otras las donó al Hospital de Especialidades del Estado de Oaxaca. Ambos espacios fueron destinados por los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) como lugares en los que se atenderá a los pacientes de gravedad que luchen contra el virus.

El Universal 


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