Buscan superar pesadilla y castigo para Padre Meño

20 marzo 2018
Noticias de Yucatán


Piedras Negras, Coahuila. “El abuso sexual es algo que te deja marcado de por vida, que no puedes superar ni con el mejor tratamiento sicológico o siquiátrico y más cuando viene de un sacerdote”, aseguraIgnacio Martínez Pacheco, víctima de violación de Juan Manuel Riojas Martínez, conocido como el padre Meño, quien se encuentra preso desde agosto del año pasado.
El 24 de marzo de 2017 se destaparon varios casos de abusos sexual contra menores de edad por parte de Riojas Martínez, el padre Meño, quien fuera rector del Seminario Menor de la Diócesis de Piedras Negras, a raíz de la denuncia del ex seminarista Roberto Javier Calzada Tamez ante la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), por el delito de violación calificada con abuso de autoridad y agravio a un menor de edad.
Casi un mes después, el 19 de abril, Ignacio Martínez se armó de valor y levantó otra acusación contra Meño por abuso sexual cometido cuando era seminarista; así se sumaron otras cuatro denuncias similares.
Riojas Martínez huyó y estuvo prófugo por casi cinco meses. Las autoridades de seguridad comenzaron su búsqueda y hasta colocaron varios anuncios en los que ofrecían 200 mil pesos de recompensa por información que llevara a su captura. El 18 de agosto se entregó voluntariamente. Meño fue vinculado a proceso e internado en el Centro Penitenciario Varonil de Piedras Negras, en donde en estos días tendrá la audiencia intermedia, luego de que a la fiscalía se le negara ampliar el plazo para recabar más pruebas.
Por vencer las pesadillas
Ignacio Martínez reconoce después de sufrir abuso por parte del padre Meño que no ha logrado superar el trauma, aunque aprendió a vivir con eso. Sin embargo, el proceso para levantar la denuncia fue muy difícil para él, porque era revivir el caso y armarse de valor y dar su testimonio.
Ignacio explica que se salió del Seminario Menor de Piedras Negras cuando tenía 17 años (ahora tiene 32), por la mala experiencia que había vivido. Guardó silencio por casi 14 años por el miedo a las represalias de parte de Meño.
En 2002, cuando tenía 15 años, sin el permiso de sus padres ingresó al seminario con la convicción de ser sacerdote y continuar sus estudios. “Yo era de bajos recursos; ahí me darían educación y una buena formación, sin que yo gastara dinero porque no tenía”.
Ignacio describe que lo que se encontró en ese lugar fue que varios de los sacerdotes, con ayuda de los encargados de seminarios, buscaban los perfiles de los menores que fueran de familias muy humildes para acercarse a ellos y seducirlos con regalos, dinero y ropa.
“Luego los convencían para que les hicieran sexo oral. Podríamos decir que nada más se arremangaban la sotana y luego hacían con ellos lo que querían”.
Muchos de los abusos, detalla Ignacio, los cometían en la casa parroquial, o la sacristía, incluso cerca del altar donde se guardan los objetos consagrados para las misas. “Meño abusó de mí en la orilla de una acequia (canal de agua); me llevó a caminar y se aprovechó (de mí)”.
Martínez Pacheco asegura que después de lo que le pasó le vinieron tiempos muy duros, pues sufría pesadillas, estaba intranquilo y con miedo. Aprendió a vivir con eso por casi 14 años antes de denunciar.
La acusación del ex seminarista Roberto Javier Calzada Tamez impulsó a Ignacio a dar a conocer su caso. Sin embargo, sus temores se volvieron realidad, pues asegura que poco antes de interponer la querella penal un desconocido lo interceptó en la calle, lo golpeó y le advirtió: “¡Más te vale quedarte callado!”. La amenaza en vez amedrentarlo, dice, fue el detonante para acudir al Ministerio Público para proceder legalmente contra Meño.
Asevera que sigue recibiendo insultos y amagos, incluso desconocidos pintarrajearon la pared de su casa: “Te va a cargar la chin…”, pero no se arrepiente de haber hecho la acusación.
El ex seminarista lamenta que el caso del padre Meño no sea el único en Piedras Negras y por ello pide que la Santa Sede investigue para que se castigue a los responsables, “pues no es suficiente con que el papa Francisco, como lo hicieron sus antecesores, pida perdón a los afectados de padres pederastas”.
Ninguno terminó como sacerdote: “Éramos 36 compañeros en secundaria y preparatoria, pero ninguno se ordenó de sacerdote, algunos son doctores, abogados, empleados, pero ninguno logró ser ni diácono ni sacerdote”.
Actualmente Ignacio es técnico en refrigeración y aire acondicionado y licenciado en Administración de Empresas, pero dedica gran parte de su tiempo a la coordinación de enlace de la organización INsCIDE, enfocada en la prevención y apoyo de víctimas de abuso sexual, la cual fue conformada hace menos de un año.
“Pensé que no me iban a creer”
Roberto Javier Calzada Tamez, quien en 2017 cumplió su mayoría de edad, fue el primero que denunció el abuso sexual de Juan Manuel Riojas Martínez, el padre Meño ante la procuraduría estatal; agrega que hubo negligencia por parte de autoridades eclesiales.
Javier cuenta que desde muy chico quería ser sacerdote “porque unos seminaristas me sembraron la inquietud y después de cumplir 15 años decidí que sería cura”.
La determinación la tomó a pesar de que sus padres no estaban de acuerdo del ingreso al Seminario de Piedras Negras. Un año después Riojas Martínez lo empezó a acosar.
“En el mes de marzo de 2016, cuando fue su fiesta sacerdotal, el padre Meño andaba tomado. Me llevó a su cuarto y me pidió que me acercara; luego me pidió que me sentara en sus piernas; yo estaba muy confundido y me salí del cuarto. Desde ahí fue que empezó todo, el trato fue diferente”.
Javier recuerda que el cura estuvo como seis años en la Iglesia del Sagrado Corazón, en Nueva Rosita, municipio de San Juan de Sabinas, donde acostumbraba acudir a reuniones con amigos, y lo llevaba a él y a otro estudiante. En esos viajes a la región carbonífera, el padre Meño aprovechaba para acercarse de más e intentaba juguetear; le picaba las costillas y lo agarraba de la cabeza.
“Cuando yo llegaba de la iglesia él iba y tocaba la puerta de mi cuarto y en una ocasión no le abrí. Él abrió con la llave, entró, se acostó en la cama, me hacía señas para que me acostara a un lado de él, y me acerqué, tenía mucho miedo… fueron tres veces las que abusó de mí, de marzo de 2014 a mediados de 2016.
“Yo me quedé callado por miedo, porque pensé que no me iban a creer y porque quería ser sacerdote. Cuando me mandaron a un seminario de Nuevo León, el 12 de diciembre de 2016 les platiqué de mi caso a los formadores y ellos me convencieron de que hablara con el obispo de Piedras Negras, Alonso Garza Treviño (conocido como el padre Loncho)”.
Días después, el 20 de diciembre, el padre Loncho acudió a Nuevo León para platicar con Javier. “Y cuando le iba a platicar, resulta que él ya sabía todo y me preguntó que si era verdad. Luego me pidió perdón a nombre de la Iglesia y me dijo: ‘platícales a tus papás de una manera parcial y atenuada; hazles ver que todo está bien, que no pasó nada grave’”.
Javier afirma que Garza Treviño le dijo que “el padre Meño es un 99% bueno y 1% malo; no andes contando cosas malas de él, ten mucha prudencia y discreción”.
El obispo de Piedras Negras le prometió a Javier que haría una carta donde le ordenaba al padre Meño que no se le acercara, que debería mantener cierta distancia y no le podía hablar. “Luego me dijo que él se encargaría de todo, que enviaría el caso a la Santa Sede para que el papa Francisco dispusiera qué hacer al respecto y me asignó a un siquiatra para que me atendiera”.
Para enero de 2017, los padres de Javier le exigieron al obispo castigo contra Riojas Martínez, y el obispo les ofreció demandarlo penalmente, pero aclaró: “Hasta que pase la colecta del Seminario”, que era el 17 de febrero, para que no se perjudicara la recaudación de limosnas [que son de al menos medio millón de pesos]”.
Los padres no pudieron esperar más y el 24 de marzo interpusieron la denuncia penal contra el padre Meño ante la PGJE, por el delito de violación calificada con abuso de autoridad y agravio a un menor de edad. Horas más tarde, la Diócesis de Piedras Negras interpuso otra querella. Ese mismo día, Riojas Martínez se dio a la fuga y no se supo de él hasta agosto cuando se entregó.
EL UNIVERSAL buscó comunicación con la Diócesis de Piedras Negras y de Saltillo, sin que se tuviera respuesta para dar a conocer su postura sobre el tema.


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