Por qué los occidentales le temen a los robots y los japoneses no

07 agosto 2018
Noticias de Yucatán. Noticias de Hoy
"Hoy la tecnología se encuentra en un punto en el que debemos comenzar a pensar en qué derechos —si acaso— merecen los robots y cómo codificar e imponer esos derechos. Imaginar simplemente que nuestra relación con los robots será como la de los personajes de La Guerra de las Galaxias con C-3PO, R2-D2 y BB-8 es ingenuo", escribió Joi Ito, empresario, inversor en capital riesgo y director del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Decirlo, sin embargo, es mucho más sencillo que hacerlo, argumentó en Wired, por una sola razón: a diferencia de Japón, en Occidente, las personas les temen a los robots. "Crecí mirando animé como Evangelion, que muestran un futuro en el cual las máquinas y los humanos convergen en un éxtasis cyborg", señaló. "Esos programas hicieron que muchos de los niños como yo nos llenásemos de sueños sobre volvernos superhéroes biónicos".
Joi Ito cree que la diferencia entre la religión judeocristiana y el sintoísmo, al igual que ciertos aspectos de la historia como el esclavismo, subyacen en la mirada sobre los robots. (Wikicommons)

Pero aunque en la cultura popular occidental han existido robots amables, como R2-D2 y la mucama de los Supersónicos, Robotina, "comparado con Japón, el mundo occidental es muy receloso de los robots", escribió el famoso emprendedor que creó PSINet Japan, Digital Garage e Infoseek Japan y participa en las juntas directivas de Sony,​ The New York Times y​ Creative Commons. "Creo que la diferencia tiene algo que ver con nuestros distintos contextos religiosos y con diferencias históricas", señaló.

El concepto occidental de humanidad es limitado, en comparación con el japonés. No se cuestiona, por ejemplo, si tiene derecho a explotar el medioambiente, los animales o los robots. Los japoneses, en cambio, no creen que los humanos sean particularmente especiales: la religión sintoísta podría estar en la base de su "mayor éxito en la integración de los robots en la sociedad" porque establece que "en todo hay espíritus, como la Fuerza en La Guerra de las Galaxias". Los hombres le pertenecen a la naturaleza, porque son un espíritu más que la conforma, como el espíritu de las rocas, el de las herramientas, el de los espacios vacíos.
El temor a que los robots terminen con el empleo y hasta con el sexo se multiplica en Occidente.

"La idea general de que los japoneses aceptan a los robots más fácilmente que los occidentales es muy común hoy en día", siguió. Citó al creador de Astro Boy, el famoso robot superhéroe, Osamu Tezuka: "Los japoneses no distinguen entre el hombre, la criatura superior, y el mundo a su alrededor. Todo está unido y aceptamos a los robots sencillamente, como al mundo entero a nuestro alrededor, los insectos, las rocas: todo es uno. No tenemos ninguna de las actitudes suspicaces hacia los robots como seudo-humanos que se ven en Occidente. Aquí no se ve resistencia, sino tranquila aceptación".

En su libro Sapiens, el historiador israelí Yuval Noah Harari describió la idea de humanidad como algo que evolucionó en el sistema de creencias a media que los humanos pasaron de ser recolectores a ser pastores, y luego a ser agricultores, y luego capitalistas. Las culturas cazadoras y recolectoras que permanecen, citó Ito, suelen conservar las perspectivas antiguas, y le hablan al viento o hacen rituales para comunicarse con la tierra sin por eso creer en su propiedad sobre ella.
La superioridad con que el ser humano se concibe en Occidente se convierte en algo que perder ante los robots, argumentó Joi Ito.

"La idea de que cualquier cosa —una piedra, una oveja, un perro, un automóvil o una persona— puede pertenecer a un ser humano o a una corporación es relativamente nueva". Así, por ejemplo, observó Ito la deshumanización de la esclavitud en escala industrial.

Cuando los colonos en América discutían si había que inculcar la religión a los esclavos traídos por la fuerza desde África —algunos estaban a favor, para hacerlos más dóciles; otros en contra, porque el bautismo terminaba con una excusa poderosa para el sometimiento—, por ejemplo, se nota una diferencia central. "La idea de permitir la espiritualidad es completamente ajena a los japoneses, porque todo tiene un espíritu y por ende la espiritualidad no se puede negar ni permitir", ilustró. "Aunque en Japón había algo que se podía llamar esclavitud, nunca fue a escala industrial".
Los japoneses como el director del MIT crecieron soñando con convertirse en cyborgs.
Se consolidó así el temor a ser derrocado por los oprimidos, volverse oprimido de algún modo, que se convirtió en pensamiento dominante. "En Occidente, muchas personas poderosas", siguió Ito, "expresan públicamente sus temores sobre el poder potencial de los robots para dominar a los humanos, y orientan la conversación pública. Sin embargo, muchas de esas mismas personas también se lanzan a toda velocidad a construir robots lo suficientemente poderosos como para hacer eso".

En el fondo, argumentó, es menos importante la cuestión de humanizar o deshumanizar que la creación de los humanos como privilegiados que pueden justificar la opresión y la explotación. "Reemplazar humanos oprimidos por máquinas oprimidas no va a arreglar el orden fundamentalmente disfuncional que se ha desarrollado durante siglos", dijo.
La deshumanización que se vivió con la esclavitud a escala industrial es otra razón para fortalecer las diferencias, y aumentar el temor del dominador a terminar como dominado.

Como sintoísta, piensa en "el desarrollo y la evolución de la inteligencia basada en las máquinas" menos como una inteligencia artificial amenazante para la humanidad que como "una inteligencia extendida integrada". Eso le permite explicar por qué los japoneses piensan que los humanos son sólo una instancia de conciencia: "En lugar de ser antropocéntricos, debemos desarrollar un respeto por todas las cosas, y un diálogo emocional y espiritual con todas las cosas".
Fuente Infobae
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